Películas (No) Anime Recomendadas
Benedict Cumberbatch protagoniza Esa cosa con alas, una adaptación de la novela corta de Max Porter que convierte el duelo de un padre y sus dos hijos en una experiencia tan dolorosa como desconcertante.

La película «Esa cosa con alas» está basada en la novela corta Grief Is the Thing with Feathers escrita por Max Porter publicada en 2015, y es protagonizada por Benedict Cumberbatch. Una obra particularmente difícil de adaptar por su estructura fragmentaria y por la manera en que combina distintas voces y registros narrativos, uno de los mayores desafíos de la película.
El film llegó a los cines de Argentina y acá te dejamos la reseña. Tranqui, que no tiene spoilers.
Esa cosa con Alas en cines
El libro me conmovió profundamente y me permitió mirar mis propias experiencias de pérdida y paternidad de una manera que destrabó muchas cosas que venía cargando desde hacía años. Me asombró la forma en que sus tonos tan dispares se conectaban para permitir el acceso a verdades humanas genuinas, lo que desafía la sobresimplificación trillada de la autoayuda que nos vende el duelo como un proceso cerrado de cinco etapas. Con esta adaptación, mi prioridad fue encontrar un lenguaje cinematográfico que lograra algo cercano a lo que Max consiguió en el papel, con un apoyo inicial en el género y en el horror del duelo antes de expandirme hacia algo único. Quería jugar con la estructura para reflejar las cualidades temporales del dolor, bajo una exploración de cómo el tiempo se dilata entre la memoria y el presente.
En palabras del director Dylan Southern

Ficha técnica:
- Titulo Original: The Thing with Feathers
- Duración: 98 minutos
- Director: Dylan Southern
- Elenco: Benedict Cumberbatch, Richard Boxall, Henry Boxall
- Calificación: SP
- Género: Drama, horror
- Origen: Reino Unido
- Fecha de estreno
- USA: 3 de septiembre de 2026
- Argentina: 28 de noviembre 2025
- Distribuidora: Impacto Cine
- Complejos de cine: Cinépolis, Multiplex, Atlas cine, cinemark
- Idioma: en inglés con subtítulos al español y con doblaje latino
- Escena postcréditos: No
Sinopsis «Esa cosa con Alas»
Tras la muerte de su esposa, un joven padre pierde de forma progresiva el control de la realidad. En los rincones del departamento que comparte con sus dos hijos pequeños, una presencia acecha desde las sombras y lo sumerge en una perturbadora convivencia con sus propios demonios.
Ahora sí… la reseña (sin spoilers)
No voy a ocultar que una de las principales razones por las que estaba ansiosa por ver esta película era Benedict Cumberbatch. Soy fan de su talento y versatilidad como actor, y estaba muy intrigada por cómo se adaptaría a este papel. Como siempre, no me decepcionó, pero eso te lo contaré más adelante.
Antes de continuar, les dejo el tráiler oficial.
¿Qué sucede cuando desaparece quien sostenía todo?
Hay películas que hablan del duelo. Y hay otras que intentan hacer visible cómo se siente. Esa cosa con alas pertenece a la segunda categoría.
La película sigue a un padre que, después de la muerte repentina de su esposa, queda solo junto a sus dos hijos. No sabemos demasiado sobre lo que ocurrió. Tampoco necesitamos saberlo inmediatamente. La historia entrega pequeños fragmentos, recuerdos y cortes que permiten reconstruir aquello que falta, aunque también pueden llevarnos a sobrepensar lo que estamos viendo.
Porque el verdadero conflicto no está solamente en descubrir qué sucedió. Está en descubrir cómo se sigue viviendo después.
La película está basada en Grief Is the Thing with Feathers, la novela corta de Max Porter publicada en 2015, una obra particularmente difícil de adaptar por su estructura fragmentaria y por la manera en que combina distintas voces y registros narrativos.
Y ahí comienza uno de los mayores desafíos de la película.
Benedict Cumberbatch carga con algo más que el duelo
Benedict Cumberbatch interpreta a un padre que tiene que aprender, prácticamente de golpe, a ocupar un lugar que antes compartía. Y la película no convierte ese proceso en una sucesión prolija de etapas del duelo. Todo es mucho más incómodo.
Está la tristeza.
Está la ira.
Está la culpa.
Está la negación.
Está la sensación de abandono.
Pero también está algo mucho más cotidiano: la responsabilidad. Porque ahora hay que cocinar. Ordenar. Llevar a los chicos. Resolver cosas. Mantener una rutina. Estar presente. Pequeños detalles que antes parecían invisibles empiezan a ocupar toda la pantalla.
Y es ahí donde la película encuentra uno de sus puntos más interesantes: este hombre no solamente está perdiendo a su esposa. También está descubriendo cuánto de la vida cotidiana ella sostenía.
La transformación resulta especialmente dura porque lo obliga a abandonar el lugar del padre divertido, disponible para los momentos felices, y convertirse en quien también tiene que poner límites, organizar, resolver y sostener.
En otras palabras: deja de poder ser solamente papá y tiene que convertirse en el adulto que mantiene funcionando una familia que acaba de romperse.
Cumberbatch se entrega completamente a ese proceso. Su interpretación física del dolor, la rabia y el descontrol es probablemente uno de los elementos que mantienen a flote la película incluso cuando su narrativa empieza a volverse deliberadamente confusa. Varias críticas también han destacado precisamente la intensidad de su interpretación.
Y entonces aparece la pregunta inevitable: ¿Esta historia funcionaría igual sin Benedict Cumberbatch? Probablemente no.
No porque la historia dependa exclusivamente de su protagonista, sino porque la película necesita que creamos en ese derrumbe. Y Cumberbatch consigue que resulte incómodo mirar cómo este hombre pierde progresivamente el control.
Y entonces aparece el cuervo
Primero está la presencia. Después las sombras. Después las apariciones. Y finalmente está el Cuervo.
Una criatura humanoide que parece haber salido directamente del trabajo artístico de Max, el protagonista, y que comienza a perseguirlo, provocarlo y enfrentarlo. El problema es que nunca sabemos exactamente dónde termina la realidad y dónde empieza aquello que ocurre dentro de su cabeza. Y la película juega constantemente con esa frontera. El cuervo puede funcionar como una criatura de terror. Puede ser una alucinación. Puede ser una representación del duelo. Puede ser una manifestación de la culpa. O puede ser todas esas cosas al mismo tiempo.
La propia adaptación lleva el material de Porter hacia un territorio mucho más cercano al horror psicológico, algo que varios análisis han señalado como una de sus decisiones más importantes. Pero hay algo que me interesa más que intentar resolver qué es el cuervo. Es preguntarme para qué está ahí. ¿Y es bueno o malo?
El monstruo que necesita existir
El cuervo es cruel. Lo provoca. Lo ridiculiza. Lo lleva al límite. Y, al mismo tiempo, parece empujarlo hacia aquello que necesita enfrentar. Ahí es donde Esa cosa con alas se vuelve más interesante. Porque el cuervo no parece estar allí simplemente para asustarnos. Es un catalizador.
Una forma de exteriorizar todo aquello que Max no puede procesar. Su ira. Su culpa. Su miedo. Su resistencia a aceptar que ella realmente se fue. Y esa pregunta que probablemente sea una de las más dolorosas de toda la película: ¿Por qué ella los abandonó?
Aunque sepamos que la pregunta no tiene sentido racionalmente, forma parte de ese estado mental en el que el duelo todavía no acepta la realidad. El cuervo se convierte entonces en la materialización de una pelea interna. Y cuanto más se hunde Max, más difícil resulta distinguir entre la criatura que lo persigue y aquello que él mismo está haciendo consigo.
Cuando la ausencia empieza a ocupar espacio
Una de las cosas que más me interesaron de la película no está necesariamente en sus momentos más extremos. Está en los detalles. El orden. La rutina. Las cosas que alguien hacía y que ahora nadie hace. La casa que sigue siendo la misma, pero ya no funciona de la misma manera. Porque una persona puede desaparecer de una familia y, aun así, su ausencia ocupar todos los espacios.
Y mientras el triste hombre inglés, intenta entender cómo seguir adelante, también tiene que aprender cosas que antes quizá estaban resueltas sin que él siquiera las notara. Desde esa perspectiva, la película puede leerse también como una historia sobre la paternidad.
Sobre lo fácil que puede ser ocupar el rol del padre cuando existe otra persona sosteniendo una parte enorme de la estructura cotidiana. Y sobre lo brutal que puede resultar descubrir esa estructura cuando ya no está.
Tres personas atravesando el mismo duelo
Uno de los elementos más interesantes del material de Porter es que el duelo no pertenece solamente al padre. También pertenece a los hijos. Y aunque todos están viviendo la misma pérdida, ninguno la experimenta de la misma manera. El padre intenta comprenderla desde la responsabilidad y la culpa. Los niños desde la ausencia.
Y el Cuervo desde un lugar mucho más extraño, entre lo fantástico, lo psicológico y lo simbólico. La novela original trabaja precisamente con distintas perspectivas, mientras que la película transforma esa estructura en una experiencia audiovisual mucho más cercana al horror y al quiebre de la realidad. Eso explica también algunos de los momentos más desconcertantes de la película. No siempre estamos viendo una historia que quiere explicarnos qué ocurre.
A veces estamos viendo cómo se siente estar dentro de la cabeza de alguien que ya no puede ordenar lo que está ocurriendo.

Entre el drama, el terror y el cómic
Y acá está otra de las cosas que pueden dividir al público. Esa cosa con Alas puede ser muy dramática durante un momento y completamente delirante al siguiente. Hay escenas que parecen pertenecer a un drama familiar. Otras tienen una energía casi de thriller psicológico. Y cuando aparece el Cuervo, la película puede transformarse en algo que parece salido de las páginas de un cómic oscuro. Esa mezcla no siempre resulta sencilla de asimilar.
Incluso la recepción crítica ha señalado justamente esa tensión entre el drama del duelo y la decisión de llevarlo hacia el horror, con opiniones bastante divididas sobre cuánto aporta esa elección a la adaptación. Personalmente, creo que ahí está parte de su encanto. No es una película diseñada para resultar cómoda. Y tampoco creo que funcione igual para todos.
Un duelo que no pretende ser sencillo
Esa cosa con alas no es una película que recomendaría únicamente porque «Benedict Cumberbatch está increíble». Aunque lo está. Es una película sobre lo que sucede cuando una persona tiene que aprender a vivir después de perder aquello que sostenía su mundo. Y sobre cómo el dolor puede convertirse en ira, la ira en culpa y la culpa en algo que finalmente tenemos que aprender a mirar de frente.
Puede resultar confusa. Puede resultar extraña. Por momentos incluso puede parecer excesiva. Pero debajo de todo ese cuervo, las sombras, el horror y las imágenes casi de cómic hay una pregunta bastante humana:
¿Cómo se aprende a vivir cuando ya no está la persona que hacía que todo pareciera funcionar?
No creo que sea una película para cualquier espectador. Y quizás quienes todavía no hayan atravesado determinadas responsabilidades familiares o experiencias de pérdida encuentren más difícil conectar con algunas de sus capas. Pero para quienes logren entrar en su lógica, hay mucho para pensar después de que terminan los créditos.
¿Y lo negativo?
Sinceramente, diría que no, pero quizás a veces el delirio y lo confuso entre escenas sea dificil de asimilar pero por mi parte, amé.
¿Recomendado? (8.5/10)
Una adaptación imperfecta, extraña y deliberadamente incómoda, sostenida por una enorme actuación de Benedict Cumberbatch y por una propuesta visual que convierte el duelo en una presencia imposible de ignorar.
No es una película fácil de digerir. Pero justamente por eso, puede quedarse dando vueltas mucho después de salir del cine.
Agradezco a CrisZurutiza por la invitación a la función de prensa. Y poder haber disfrutado de este filme.
¡Hasta la próxima review!

También te pueden interesar nuestros:

