Reseña de la segunda temporada del live action de One Piece.

Buenas lectores y lectoras de Anime Argentina sean bienvenidos a una nueva reseña de la web, esta vez con el fenómeno de masas que es OPLA, la serie en vida real del aclamado manga y anime de Eiichiro Oda: One Piece, que acaba de estrenar su segunda temporada este 10 de marzo en la plataforma de Netflix.
Antes que nada, advierto que quien les habla es un fanático ferviente no sólo de la obra de Eiichiro Oda, sino que también de la primera temporada del live action. Sí, la primera temporada me gustó y pueden ver mi reseña sin spoilers acá. Esto claramente puede nublar un poco mi juicio a la hora de criticar el contenido de One Piece, por lo que, si tienen algún tipo de comentario al respecto, al final de la nota pueden dejar su opinión, que leeré con gusto.
Ahora bien, sin mucho más preámbulo adentrémonos en esta reseña sin spoiler de la segunda temporada de One Piece Live Action.
¿Una segunda temporada mejor que la primera?
Cualquier franquicia de series o películas tiene un gran desafío en su haber y es que, una vez cosechado el éxito de una buena primera temporada, amanece el problema de la secuela y el típico: «todas las secuelas son malas». Y es que sí, muchas veces una segunda parte tiende a ser peor que la primera y pocas veces ocurre el caso contrario. Sin embargo, en esta ocasión, me ufano de decir que esta segunda temporada funciona mucho mejor que la primera.

Pero vayamos por partes, la segunda temporada del Live Action de One Piece abarca los arcos de Loguetown (capítulos 96 a 100 del manga; 48 a 53 en el anime), Reverse Mountain (capítulos 101 a 105 del manga; 62 a 63 en el anime), Whiskey Peak (capítulos 106 a 1114 del manga; 64 a 67 en el anime), Little Garden (capítulos 115 a 129 del manga; 70 a 77 en el anime) e Isla de Drum (capítulos 130 a 154 del manga; 78 a 91 en el anime). Cinco arcos condensados en sólo ocho episodios.
Ahora bien, ¿por qué digo que esta segunda temporada funciona mejor? por algo muy simple, va a directo el grano y no se detiene en explicar nada. La primera parte forma el mundo, pone en contexto al espectador y le comenta las reglas a seguir: One Piece funciona así, colores estrepitosos, personajes caricaturescos, hombres pez y chicos que se estiran. Lo tomás o lo dejás, sin punto medio.
Al mismo tiempo la primera temporada se detiene a darle entidad a los protagonistas, contando su pasado, sus motivos para actuar, sus puntos débiles y sus puntos fuertes.
La segunda temporada no pierde tiempo en eso, si no que juega con esas ideas y las sube otro nivel. Las ciudades son más grandes, los desafíos se hacen demenciales, los villanos son mucho más intimidantes y nuestros protagonistas, con las raíces echadas, sólo pueden crecer. Esto permite que el desarrollo de la serie sea mucho más ameno, ligero y menos entrecortado.
El mundo que se expande
Entonces, la primera temporada sentó las bases, por lo que ahora la segunda tiene todo el terreno para expandirse. Cosa que logra hacer de gran manera.
La serie comienza presentando a la nueva amenaza que tendrán que enfrentar los mugiwaras: Baroque Works, una organización secreta de asesinos. De esta forma aparece el primer vistazo a Miss All Sunday, interpretada por Lera Abova, quien desde el principio se muestra amenazante, violenta y, por sobre todas las cosas, poderosa (y preciosa). Ella entra en una base de la marina y causa un escándalo, matando marinos a diestra y siniestra con poderes que desvían toda lógica.
Esto sólo marca el futuro de la serie: los mugiwara quieren entrar en el Grand Line, y el Grand Line está lleno de peligros como Miss All Sunday. Es un aviso, una advertencia.

Al mismo tiempo Loguetown se presenta en escena como una ciudad enorme, repleta de marinos y muy bien ambientada como una zona de comercio: un lugar de paso para los piratas antes de aventurarse al Grand Line. Aquí se presenta la siguiente amenaza: Smoker. El capitán de la marina, interpretado por Callum Kerr, es otro cimbronazo a lo visto en la primera temporada. Gracias a su cuerpo hecho de humo parece un antagonista prácticamente invencible, y esto sólo ayuda a que la escala de poderes y problemas para los mugiwaras se acentúe.
El Grand Line es peligroso, no sólo por el mar, sino por quienes lo habitan. Personajes como Miss All Sunday y Smoker son usuales en la Gran Ruta, y desde el primer episodio la serie te advierte que no habrá desafíos fáciles para los protagonistas si buscan adentrarse en él.

En este mundo que se expande, aparecen islas pintorescas, cada una con su propia sensación única. Con tierras nevadas, desiertas o prehistóricas, el mundo de One Piece parece cambiar por completo y sólo parece atraer sorpresas. Y es que, si la primera temporada hace énfasis en los personajes, esta segunda lo pone en el mundo por el que se mueven. Escenarios fantásticos e irrisorios se plantean como lugares reales y la mayoría se sienten como tal. El mundo de One Piece es enorme y era importante que tome un rol principal en la segunda temporada.
Una serie que juega con los fans
Además de los escenarios, la serie se permite licencias narrativas que, a los fans del material original, les puede ocasionar algún que otro suspiro. Si bien en la primera temporada se pueden ver muchos easter eggs que al fanático le resultan interesantes, esta segunda parte va un poco más allá.
Se nota que los guionistas son lectores del manga en el momento en que aprovechan a personajes o escenas de arcos más adelantados a la historia, y los colocan en la serie con un motivo en concreto, que va más allá de la referencia. Incluir escenas canónicamente (y cronológicamente) acertadas, pero que no se ven en el material original, no sólo sirven para alimentar al fandom sino también para mover la narrativa. Lo cual, en mi opinión, fue una decisión acertada.
Otra decisión acertada que encuentro es el rol que se le da a los marinos en esta segunda entrega. Uno de los puntos flojos de la primera temporada fue, probablemente, el rol de Garp y su tripulación, que toma una injerencia relevante en la serie y consume tiempo de los protagonistas. En esta ocasión esto no ocurre, ya que Smoker y Tashigi tienen poco tiempo en pantalla, lo que permite a la serie darle más enfoque a la relación de la tripulación entre ellos y con el mundo que los rodea.
Una verdadera tripulación
Con los protagonistas ya establecidos y sus historias ya contadas, comienza la verdadera travesía de los mugiwaras como tripulación. Si bien durante los últimos episodios de la primera temporada pudimos ver algo de dinámica de la tripulación, es en esta segunda parte en donde sus interacciones brillan.
La dualidad Sanji (Taz Skylar) – Zoro (Mackenyu) se hace más pronunciada y divertida; la presencia de Usopp (Jacob Gibson) se hace más notable siendo no sólo un alivio cómico sino también un personaje que une; Nami (Emily Rudd) es la navegante y la voz de la razón y Luffy bueno… es Luffy.
Sus personalidades están marcadas y deja espacio para jugar con ellas, además la serie se encarga de que cada uno tenga un momento para brillar, tanto en lo emocional como en la acción.
Pero por sobre todas las cosas, es durante estos arcos que dos nuevos personajes entran en escena junto a nuestros protagonistas. La primera, Miss Wednesday, encarnada por Charithra Chandran (una diosa) rápidamente se gana el corazón de los espectadores y, a medida que avanzan los capítulos, vemos cómo se adapta a los piratas formando un vínculo especial con ellos, al punto de que para el final de la serie se siente parte de la tripulación.
El segundo personaje del que hablamos es nada más ni nada menos que Tony Tony Chopper.

El caso Chopper (y sobre el CGI)
Uno de los puntos que más controversia causó una vez que la segunda temporada fue anunciada era Chopper. Nuestro adorable doctor reno es un personaje que le causaba muchas interrogantes a los fans: ¿cómo van a hacer a Chopper? ¿Qué tipo de efectos usarán? ¿Cómo quedará? Y si bien en su primer anuncio generó debates, creo que en su mayoría el diseño recibió bastantes respuestas positivas por parte de los fans.
Sin embargo, una cosa es un tráiler y otra cosa es un capítulo. Por lo que las dudas aún seguían estando.
Por suerte, creo que el CGI de Chopper logra su cometido. No se ve mal, e incluso creo que se ve hasta adorable por momentos. El primer vistazo shockea, pero una vez que los capítulos avanzan uno se va acostumbrando y logra ver aspectos de Chopper que están realmente bien hechos. Su transformación en reno se ve bastante pulida, sus expresiones son interesantes, y si bien su forma humana es un tanto grotesca y me cueste muchísimo, tal vez demasiado, o tal vez nunca pueda acostumbrarme a ese rostro, puedo dejarlo pasar. Porque lo importante es que se sienta fluido y por momentos lo logra.
El resto de los efectos especiales
Siguiendo con esta línea, la mayoría de los aspectos más difíciles de trasladar de anime a la realidad de One Piece se ven bastante… bien. Las frutas del diablo son el eje por el que rondan la mayoría de las extravagancias de One Piece, y es muy importante que estas se vean bien. Y lo hacen. Los poderes de Miss All Sunday están bien logrados y el humo de Smoker es realmente excelente. La coreografía de batalla del capitán de la marina es espectacular porque se ve amenazador y extremadamente fuerte, y eso es todo gracias a lo bien que se ve su fruta del diablo.
Aunque no todos los aspectos del CGI están bien pulidos o muy bien logrados, creo que encontraron soluciones a una de las mayores dificultades a la hora de adaptar al live action una obra como One Piece. Por lo que considero esto un punto a favor.

Comentarios finales
Seguro dejo mucho en el tintero, pero no quiero extenderme y empezar a divagar con spoilers, por lo que voy a cerrar con mis últimas opiniones.
La segunda temporada no es perfecta, claramente, pero sí considero que superó a su antecesora. Esto no es un logro cualquiera cuando la primera fue la que rompió la «maldición» del Live Action anime en Hollywood. Se nota el cariño puesto en la serie, desde sus escenarios hasta la música (párrafo aparte para Sonya Belousova y Giona Ostinelli, que nuevamente nos trajeron un soundtrack espectacular) y desde el cast hasta la producción.
Claro que algunos diálogos son más tontolones que otros, que algunos efectos se ven sucios, o que algunas ideas originales de la serie sean un crimen (lo que le hicieron a los soldados de Wapol no tiene perdón). Pero el corazón y la esencia de One Piece siguen estando ahí. Y a mí, como fan de la obra de Oda, es lo único que me importa.

Y vos, ¿viciaste como yo la segunda temporada? ¿que te pareció? Me encantaría leer sus opiniones en los comentarios.

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